01-10-86
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Digo a todos tus hermanos del mundo: Esperad en el Señor
humildemente, reconociendo que nadie puede proseguir el camino si no se aferra
a Dios.
El alma solitaria es como un desierto; allí la aridez,
todo lo seca. No se convierta vuestra alma en un desierto, dejad que el Señor
penetre con su misericordia.
Amén, amén.