26-11-83
## PM
16
Al día siguiente le dice:
"Tu
entrega es total, bendita seas; tu misión es grande; no sabes la
dimensión".
Le pregunta a la Virgen si le gustaría
que la llamasen "MARIA DEL ROSARIO DE SAN NICOLAS", y le responde la
Virgen:
"Así
debe ser. Mi anhelo es estar entre vosotros, colmarlos de bendiciones, de paz,
de alegría y acercarlos al Señor Nuestro Dios.
Col.
3, 15 y 4, 15 y 2. Cor. Cap. 4
3,15 Que la paz de Cristo reine
en sus corazones: esa paz a la que han sido llamados, porque formamos un solo
cuerpo. Yvivan en la accion de gracias.
4,15 Saluden a los hermanos de
Laodicea, especialmente a Ninfas y a la Iglesia que se reúne en su casa.
2
Cor. Cap. 4
1
Por eso, investidos misericordiosamente
del ministerio apostólico, no nos desanimamos.
2
y nunca hemos callado nada por
vergüenza, ni hemos procedido con astucia o falsificando la Palabra de Dios.
Por el contrario, manifestando abiertamente la verdad, nos recomendamos a
nosotros mismos, delante de Dios, frente a toda conciencia humana.
3
Si nuestro Evangelio todavía resulta
impenetrable, lo es sólo para aquellos que se pierden,
4 Para los incrédulos, a quienes el dios de
este mundo les ha enceguecido
el entendimiento, a fin de
que no vea resplandecer el Evangelio de la gloria
de Cristo, que es la
imagen de Dios.
5
Porque no nos predicamos a nosotros
mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor, y nosotros no somos más que servidores
de ustedes por amor a Jesús.
6
Porque el mismo Dios que dijo:
"Brille la luz en medio de las tinieblas", es el que hizo brillar Su
Luz en nuestros corazones para que resplandezca el conocimiento de la gloria de
Dios, reflejada en el rostro de Cristo.
7
Pero nosotros llevamos ese tesoro en
recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no
procede de nosotros, sino de Dios.
8
Estamos atribulados por todas partes,
pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados,
9
perseguidos, pero no abandonados;
derribados, pero no aniquilados.
10
Siempre y a todas partes, llevamos en
nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida
de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
11
Y así aunque vivimos, estamos siempre
enfrentando a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús
se manifieste en nuestra carne mortal.
12 De esa manera, la muerte hace su obra en
nosotros, y en ustedes, la vida.
13 Pero teniendo ese mismo espíritu de fe, del
que dice la Escritura: "Creí, y por eso hablé", también nosotros
creemos, y por lo tanto, hablamos.
14 Y nosotros sabemos que Aquél que resucitó al
Señor Jesús nos resucitará con Él y nos reunirá a su lado junto con ustedes.
15 Todo esto es por ustedes: para que al abundar
la gracia, abunde también el número de los que participan en la acción de
gracias para gloria de Dios.
16 Por eso, no nos desanimamos: aunque nuestro
hombre exterior se vaya destruyendo, nuestro hombre interior se va renovando
día a día.
17 Nuestra angustia, que es leve y pasajera, nos
prepara una gloria eterna, que supera toda medida.
18 Porque no tenemos puesta la mirada en las
cosas visibles, sino en las invisibles: lo que se ve es transitorio, lo que no
se ve es eterno.