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NUESTRA
RESPUESTA
       

  La Pregunta N° 2 es: Si la presencia de Cristo es tan real... ¿porqué no lo podemos tocar y ver?.

Respuesta 2 : Vivimos en un mundo tan materialista que creemos que los únicos ojos que ven son los de la cara y las únicas manos que tocan son las que tienen cinco dedos.
Hay muchas cosas que no podemos ver ni tocar: las ondas de radio, las bacterias, y la electricidad, el átomo, y el planeta Júpiter. Pero allí están. Saber que alguien que queremos está bien, nos alegra, aunque no lo veamos. Y nos ilumina la vida recibir la noticia de que tendremos un hijo dentro de ocho meses, o que mejorará nuestro trabajo el próximo mes y tendremos más dinero, sin que todavía hayamos podido ver ni tocar nada. Tampoco podemos ver ni tocar el futuro, ni el pasado. Ni la alegría, ni el dolor, ni la tristeza.
Cómo vemos y tocamos realmente?: Por ejemplo, los enamorados... no te parece que se miran con algo más que con los ojos?. Los músicos... no te parece que tocan con algo más que con las manos?. Has visto una película que te haya impactado?. No la has visto con algo más que con los ojos?. El mundo de las cosas que no vemos y que no podemos tocar vive en nuestro interior. Así es el amor, los recuerdos, la paz, los miedos, la alegría. En ese mundo interior, "intocable", "invisible", es donde se desarrolla nuestro yo más verdadero, y es donde se producen todos los encuentros que nos tocan la vida. Por eso no podemos ver a Cristo. Porque El es nuestro Dios... y el encuentro se dá allí mismo. En nuestra realidad más íntima, más interior, más verdadera. Podemos acceder a esa realidad, y podemos instalarlo a Cristo en nuestra vida, desde adentro.
Conclusión: La presencia de Cristo es real y se puede ver con los ojos del corazón, se puede sentir adentro del alma, se puede dialogar con El en el interior de uno. Esto es así por don de Dios. La fe es un regalo de Dios de poder creer en El, y poder hacer contacto con El. Este contacto se produce en la oración, en los sacramentos, en misa.

Una propuesta: Te propongo comenzar a amar a ese ser que llevas adentro, que ni sabes cómo es, pero que no eres tú mismo. Pídele la Paz. Insístele. Pronto comenzarás a sentir, su respuesta. Tal vez duela, tal vez sea gozosa, tal vez sea más fuerte de lo que creas, tal vez te decepciones. Pero allí estará. Comienza primero a amarlo... y luego podrás verlo.