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AMAR CON LA VOLUNTAD... ES AMOR?
CUANDO EL AMOR CALLA... APARECE EL AMOR

(tiempo de lectura aprox. 8 min)


Hay momentos en los cuales el amor es un chorro de vida, fuerte, intenso, derramando bendiciones y alegrías.
Hay otros momentos en los cuales los vínculos, antes fluidos, entran en crisis y ese chorro de vida se estanca y la luz del amor se hace tenue y mortecina.
Ahí aparece con fuerza la importancia del amor volitivo, el amor como búsqueda, como respuesta y como construcción. No es el amor que nos envuelve y nos impulsa hacia el encuentro de los seres queridos. Es el que nos compromete.
El amor volitivo es el puente entre el encuentro y el desencuentro; se manifiesta en los gestos, a veces pequeños, que buscan el bien del otro en los tiempos duros, cuando el otro es, justamente, un “otro” , lejano, y uno es un “uno” y no hay un “nosotros”. Es el arte de volver a tejer la red que une los corazones.
¿En qué se sustenta el amor volitivo?
Se sustenta en la ricas experiencias pasadas, atesoradas, que nos hablan de que existió un cariño y una unión alguna vez. Se vuelve importante la evocación de aquellos encuentros que dieron luz a nuestras vidas, no para estancarse en un recuerdo que no volverá, sino para reafirmarse en el amor que está y nació algún día para buscar nuevos horizontes.
Se sustenta en la certeza de que el amor siempre triunfa y las tormentas, las crisis, los túneles, acaban. Para ello necesitamos paciencia, saber esperar los tiempos del amor, los tiempos del otro.
Se sustenta en la comprensión, y , fundamentalmente en el perdón. La fuerza del perdón es tan crucial que merece un capítulo aparte que desarrollaremos.
Se sustenta en la imagen de María junto a la cruz: aceptación, dolor sin rencor, paciencia aún sin comprender cabalmente.
El amor volitivo es un amor de manos y de silencio. Con las manos construimos , tendemos, hacemos.
En silencio. Sin reclamar y sin pedir y sin explicar.
El amor volitivo une el pasado con el futuro. Es una respuesta que damos apostando al amor.
En realidad el amor volitivo está siempre, pero es sólo en la oscuridad de la noche donde manifiesta su esencia de antorcha fiel.
Se habla muchas veces de este amor en el seno del matrimonio. Hay entre los esposos una promesa de amor que no se mantiene sola, se construye con la gracia de Dios y el sacramento y nuestra voluntad de permanecer. En las uniones de muchos años quién no recordará momentos en los cuales ya no encontrábamos sentido al seguir juntos, y fue gracias a la paciencia, al trabajo cotidiano de todos los días, el interesarse por los proyectos del otro aunque resulte aburrido, el poner buena cara aunque uno se sienta mal, el rescatar lo bueno por encima de todo para ir sanando el desencuentro.
En toda relación en crisis hay un dolor y un reclamo; y hay una elección. Seguir en el reclamo o dar un paso hacia el hogar común, el fuego de la unión. Cuando hacemos la segunda acción, y ponemos el ladrillo para hacer la construcción, quizá hasta encontremos la mano del otro en la mezcla.
El amor de la voluntad es importante también en la relación con los hijos, cuando nos invade el desaliento por los caminos que no esperábamos que eligieran, cuando no podemos aceptar que son distintos, que son otro. En este sentido el camino es opuesto al de la pareja matrimonial. En esta, de dos seres separados con historias diferentes se produce una unión. En cambio, en la relación padres-hijo, de un todo fundido se va produciendo la separación gradual en seres distintos. En estos procesos los ajustes son difíciles y las crisis inevitables.
El amor volitivo es importante en todos los vínculos si anhelamos que estos perduren, crezcan y sean sanos y ricos.
En tiempos de tormenta es una prueba que alimenta la fuerza del amor, que pone en juego todo nuestro ser y nos hace salir del seno de nuestro interior y nuestro problemas para decirle en un silencio pleno de gesto al otro : “Aquí estoy. Sigo apostando al nosotros que alguna vez fuimos porque creo en ti y creo en el amor.”

Frente al ruido que te acosa,
Ama, el amor es silencio que apacigua.
Frente a toda desventura,
Ama, el amor descubre la alegría.
Frente al que no te ama,
Ama, y le enseñarás a amar.
Frente al dolor de muerte,
Ama, y verás morir al dolor.

El amor es la única ventana al cielo,
La única fuerza que construye,
El único camino hacia el milagro,
La única fuente de vida,
El único punto de encuentro.

Frente al que te ama,
Ama, eso es el paraíso.

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Continuará...