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COMO ABRIRSE AL OTRO (tiempo de lectura aprox. 10 min)

Muchas veces confundimos abrirse al otro con otras cosas que no hacen más que mantenernos encerrados.

Abrirse al otro NO es solo acompañarlo, escucharlo, entenderlo. Abrirse al otro NO es solo estar a su lado, no contradecirlo, contenerlo. Todo esto forma parte del amor, es cierto. Pero ahora nos vamos a referir a dos monedas, por llamarlas de alguna forma, por lo valiosas que son. Se trata de aspectos que están debajo del amor, y lo sustentan en la tempestad y en la calma.

1) MENTE y CORAZÓN: las dos caras de la primera moneda

Hace poco una amiga me dijo: "necesito llorar y no puedo". Muchas veces vive en nosotros una distancia entre nuestro corazón y nuestro cerebro, que impide a nuestra conciencia entibiarse, encarnarse, sosegarse. El diálogo entre nuestra propia mente y nuestros sentimientos muchas veces no es armónico, o es inexistente. Cuando nos ponemos a sentir, no nos importan las razones, y cuando nos ponemos a pensar, los sentimientos hacen el mismo silencio de la muerte. De una u otra forma los vínculos que uno pueda generar en esas circunstancias serán frustrantes.

Muchas veces, se parece nuestra vida a una lucha. Veamos los dos casos extremos:

Si la mente prevalece, el sentimiento se enfría y uno vive como encerrado dentro de un frío frasco de vidrio, sin poder vivir las emociones, y por supuesto sin transmitirlas. Para cambiar esto, uno piensa entonces que el camino es dejarse sentir, dejar de lado el cerebro y relajarse para vivir las emociones, dejar que fluyan. Pero esto también nos aleja del otro, porque nuestra linterna se vuelve hacia nuestro propio cofre y allí nos quedamos buscando sentimientos. Esa energía vital que naturalmente está para enlazarnos con los demás, y que se llama afectividad, se repliega, aplasta su oído en búsqueda de sus propios latidos. Por tanto, el otro, que está allá afuera, está solo... porque tambien uno está solo, buscando en uno mismo.

Si hay sentimientos muy fuertes en el corazón y ese diálogo entre la conciencia y el corazón no ocurre, la mente se oscurece, se nubla, pierde fuerza, pierde rumbo, se desvanece el sentido de las cosas. Y el otro, esa realidad distinta del yo, queda envuelto en mi propio sentimiento, incorporado a mi propia realidad, y anulado como otro. Cuando me siento enamorado, no puedo ni siquiera pensar en la posibilidad de que el otro no esté bien conmigo, que a él no le pase lo mismo. Yo lo "embolso" en mí, elimino de mi vista su realidad, porque yo tengo tanto brillo adentro, que no lo puedo ver. No confronto su realidad con mis pasos, sino que camino a mi ritmo y es en ese momento en que ambos, volvemos a quedarnos solos.

Irremediablemente esa falta de diálogo interior entre la mente y el sentimiento nos lleva a la soledad, a ambos.

Por lo tanto, vemos que el camino es uno solo. No habrá apertura al otro si este diálogo no se restablece sanamente. Una persona, cuando está entendiendo algo pero no siente nada, está cerrada. Y también cuando está sintiendo algo pero no comprende nada, también está cerrada. Pero esta cerrazón es simplemente un bloqueo. El interior de uno mismo no tiene compartimientos, sino que uno es una sola cosa que a la vez entiende y a la vez siente. Si esto no ocurre, hay que organizarse interiormente. Dar paso al flujo de la conciencia, y al de los sentimientos, tal vez en forma torpe, en un principio. Estamos como aprendiendo a caminar. Como en este proceso de aprendizaje se pierde contacto vital con el otro, es fundamental expresarse, decirle al otro, hacerlo partícipe de esta dinámica, sabiendo que el otro no es uno mismo, que está allí afuera y que espera nuestra comunicación.

2) MIS COSAS Y TUS COSAS: dos caras de la segunda moneda.

Ahora viene algo más profundo. Estar cerrado al otro es mantener la propia visión de las cosas.

Yo puedo entender al otro y sentirlo, pero desde mi mismo. O puedo hacerlo desde sí mismo. En el primer caso me instalo en mí y desde allí miro. Es fácil caer en la incomprensión, en el juzgar al otro, en la crítica, en la ira. O puedo transladar mi silla y sentir cómo siente el otro, ver cómo es, pedirle que me explique, comprender sus variables, sus prioridades, sus gustos, ver desde su marco de referencia, desde su propia torre de control.

Si puedo entender con su entendimiento y sentir con su sentimiento probablemente cambie mi visión de las cosas e incorpore la del otro. En este punto muchas personas sentirán "anularse" por el otro. Y este miedo producirá una resistencia. Es un miedo lógico. Porque la mente no comprende algunos misterios que guarda el amor. Y por tanto se resiste a la entrega. El amor no anula, sino todo lo contrario, libera!. Pero debe hacerse con amor.

Ceder no es entregar lo propio, ni partir la diferencia. Quien cede cree que ama, pero si lo hace sin sentir el amor, esta cesión pasa a ser una cuenta pendiente que tarde o temprano buscará que se salde, sentirá al otro en una silenciosa deuda que el otro nunca terminará de pagar.

Vamos en busca de algo superior. Vamos a abandonar "mis cosas" y "tus cosas" para quedarnos con "nuestras cosas", en las que las mías y las tuyas encuentran sentido. De qué me sirve tener mis cosas, si no puedo amar?. Por lo tanto, no puedo esforzarme en abrirme como si estuviera levantando una piedra pesadísima, o pisando una papa durísima.

CONCLUSION

La apertura proviene del entendimiento y buen uso de ambas monedas. Con la primera podrás unificarte a tí mismo, haciendo uso de la mente y del corazón de una forma integrada. Permitiendo el fluir de las ideas y de los sentimientos. Cualquiera puede ver que es necesario que un río fluya a lo largo de todo su recorrido. Que el tiempo transcurra desde el principio hasta el fin. Que la vida ocurra.

Con la segunda, podrás ver que tu parte es solo una cara, pero la moneda vale por ambas caras. Si no puedes ver desde el otro ángulo, estás solo, y por lo tanto, no tienes moneda. Una persona vale por el amor que pone durante su vida. El amor no se queda en la propia cara, es decir que abarca más, totaliza, suma, abarca al otro, sus puntos de vista, sus ilusiones, sus deseos y los internaliza. Esta realidad del amor es tan simple, tan entera, que olvida las parcelas y se instala en todo el campo.

Yo no experimento amor en mí, sino en tí. Mi amor se aloja solo geográficamente en mi corazón, pero me abarca toda la humanidad completa y me orienta hacia tí. Hacia tu luz, hacia tu tibieza, de modo que si me faltas tú, me falta algo esencial a mí mismo. No es tu vida un accidente costero para mí, sino mi otra cara, la que necesito que me des, para ser una moneda completa, para valer.

 

Continuará...