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EL AMOR CONYUGAL
NECESITA LA VOLUNTAD

El amor necesita del ejercicio de la voluntad. Su presencia lo refuerza, lo afirma, hace que éste se consolide mediante una conquista diaria, audaz y perseverante.

El amor hay que cuidarlo día a día.

Esa visión del amor como un sentimiento sin más que va y viene que se mueve, oscila, gira y que no es posible fijarlo... no es cierta. Y no lo es porque también en el terreno afectivo es importante incluir la voluntad para afinar, pulir y mejorar ese amor conyugal. El paso de los días erosiona el amor humano. Hay que estar atento y aplicar la voluntad.

Para muchos resulta una carga pesada que no están dispuestos a poner en práctica aunque la declamen a cuatro voces, sobre todo en el noviazgo. Pero el hedonismo y el materialismo imperantes en el mundo actual le ha hecho a la voluntad una mala prensa. El amor conyugal, como proyecto de vida en común necesita de la voluntad para avanzar. La voluntad va consiguiendo acrecentar y perseverar en el amor.

¿Cómo?. Corrigiendose a uno mismo, modificiandose a uno mismo, perfeccionandose en post de esa relación afectiva. En definitiva: enmendando la conducta al compás de la vida en común, saliendo al paso de sus dificultades, poniéndoles remedio. Si la voluntad es débil, el proyecto comienza con el primer entusiasmo, y muere naufragando en el desengaño, cuando a las promesas dadas se la llevan los primeros vientos de la dificultad. La personalidad templada con la voluntad es capaz del trabajo sobre sí misma, más aún si la ilumina la alegría del amor.

 

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