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AMOR DE LA MADRE:
AUTOESTIMA. EL AMOR PRIMERO.

Imaginemos una pequeña e íntima escena. Una mujer
está sentada en un sillón, sosteniendo un bebé. No
están haciendo nada en particular. El bebé la mira, como
embelesado, y ella le corresponde la mirada. No hay tiempo, parece un cuadro, pero no lo es, hay vida, sentimos que hay vida en esa mirada mutua. Ella extiende una mano y le hace una suavísima caricia en esa piel nueva y rosada. Le acerca un dedo y el bebé se aferra con su manito de capullo. Silencio. La mirada de uno se vuelca en la mirada del otro y se hacen una sola.

En un principio, antes de nacer, estuvimos adentro, en el calor del amor. Luego nos recibieron los brazos tiernos y calentitos de nuestra madre. Podemos recordar algo... aquellos primeros abrazos.

Y en ese principio, en ese transitar de la primera infancia, alguna vez, faltaron esos brazos. No se sabe si fueron sólo unos momentos, si algo faltó para siempre, si el calor estaba pero no pudimos recibirlo... comenzamos a padecer, luego del abrazo primero, la soledad y el frío.

Calor, refugio, amparo, protección, con estas primera palabras se va forjando nuestro ser. Ese es el primer amor, el que nos deja la huella más honda, el que nos modela nuestro ser más íntimo, nuestro instinto, nuestro olfato, nuestras carencias más primitivas.

El amor materno es el canal por el que se filtra el mundo, ese mundo que nos rodea y nos espera.

En ese principio no concebimos la vida sin esos brazos, sin esas manos. Lloramos cuando no los sentimos y cualquier angustia se calma con ellos, el alimento, el abrigo, las palabras. Toda madre ha sentido ese ser “todo” para su bebé. Luego comenzará el desprendimiento. Ese desprendimiento es parte de la única historia de nuestras vidas, nunca se repite ni con la misma madre y está entintado con los colores únicos de nosotros mismos. Puede haber desgarro si hay demasiado apego, sobreproteccion si hay miedo, alejamiento prematuro si vienen hermanos antes de tiempo, problemas en el matrimonio, o retencion asfixiante si hay obsesiones. En definitiva hay un vivir cotidiano con una trama tejida de muchos días de caricias, alimento, canciones, juegos, reproches, retos, cuentos. Y tambien olvidos, distracciones, inexperiencia, desapego, frustración. En todas las madres, en todas las familias pasa... todos los días... sin embargo hay muchas cosas que no pasan, sino que quedan y se arrastran... todos los días.

Así se forja nuestra autoestima. En el comienzo del cuento que es nuestra historia, en ese vientre que nos alberga y en esos brazos que nos reciben. Y en la mirada que nos acepta. Porque nos amaron, podemos amar, salir del cascarón y entregarnos al mundo.

Continuará...